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“Misión que abraza”: nos unimos por Venezuela

Como familia salesiana de Argentina, y junto a nuestros donantes, acompañamos la labor de las casas salesianas en Venezuela.

El 24 de junio recibimos la triste noticia de que dos sismos de gran magnitud golpearon Venezuela. Como siempre que ocurre una tragedia, la primera pregunta no fue cuántos edificios se habían derrumbado. Fue mucho más sencilla: “¿Cómo están nuestros familiares y amigos?”.

La respuesta llegó enseguida. Los salesianos en Venezuela estaban a salvo. Pero el padre Jorge Ghazal, superior de la Inspectoría Salesiana de dicho país, nos escribió: “Hay muchísimos heridos. Los centros de salud están colapsados. Lo que nos toca afrontar es muy duro”.

En pocos minutos, el terremoto cambió la vida de miles de familias. Muchas perdieron su hogar. Otras hoy duermen al aire libre por miedo a nuevos derrumbes.

Y mientras buscaban dónde refugiarse, los salesianos hicieron lo que aprendieron de Don Bosco: abrieron las puertas de las casas salesianas y las transformaron en centros de acopio, distribución y atención a las familias más afectadas.

Hoy es tiempo de reconstrucción

Comunidades que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad se hallan en un estado aún más delicado tras esta tragedia: familias se han quedado sin vivienda habitable ni acceso a recursos y servicios básicos.

Por eso desde Don Bosco Por Los Jóvenes, en conjunto con la familia salesiana de Argentina, nos unimos en una “Misión que abraza”.

Estamos en comunicación permanente con los salesianos en Venezuela, que nos informan las necesidades concretas mientras siguen acompañando a estudiantes, trabajadores y sus familias en la reorganización de su vida cotidiana.

Desde tu lugar, vos podés colaborar. Con tu donación ayudás a que les enviemos recursos económicos para que adquieran canastas alimentarias, agua embotellada, kits de higiene y medicamentos, además de brindar contención y apoyo psicosocial.

Ningún aporte es pequeño cuando nace del corazón. Cada gesto de solidaridad es una manera de decirles a nuestros hermanos y hermanas en Venezuela que no están solos. Y es un acto de amor que los ayude a reconstruir los espacios donde niños y jóvenes volverán a estudiar, jugar, rezar y recuperar la esperanza.

Estar y acompañar, como lo hizo Don Bosco

Cuando el cólera golpeó Turín, las calles comenzaron a vaciarse. Muchos escapaban por miedo al contagio. Don Bosco, en cambio, reunió a sus muchachos y salió con ellos a cuidar a los enfermos. Mamá Margarita -su madre que lo acompañó en el Oratorio Salesiano- no guardó nada para sí. Preparó cuanto hacía falta para los enfermos y compartió hasta las sábanas de la casa para aliviar su dolor.

Aquella manera de responder al sufrimiento nunca dejó de ser parte de nuestra historia. Como lo hicimos durante la pandemia de COVID-19. Y como hoy continúa en Venezuela, donde nuestros hermanos ya están haciendo su parte: ofrecen alimentos, abrigo, acompañamiento y esperanza a quienes lo perdieron todo.

Ahora nos toca a nosotros. La misión de Don Bosco siempre fue una obra compartida. Desde el primer Oratorio Salesiano hasta hoy, miles de personas la hicieron posible con su trabajo, su oración, su confianza y su generosidad. Gracias a ellas, los salesianos pudimos estar presentes allí donde más se necesitaba. Esa misma misión nos vuelve a convocar.