Vive en la Patagonia, lo acompañan los misioneros salesianos y… ¡descubrió un dinosaurio!
Dionide Mesa vive en Gorro Frigio, en una casa aislada en el medio de la meseta del Chubut. En un entorno precario y árido, entre la soledad y el silencio, sobrelleva el día a día con la sencillez del poblador de campo patagónico.
Su vida refleja la de muchos como él. Una cotidianeidad austera, con servicios deficientes, un hogar compuesto solo de lo necesario y una realidad económica dura en la que muchas noches solamente mate cocido y tortas fritas constituyen la cena. En invierno las heladas y el viento representan un escollo extra, la nieve aísla aún más su hogar y la leña, lo que pueda conseguir de ella dado su precio, significa un gran alivio para el día a día.
Cada mañana, sin embargo, Dionide sale con alegría de su hogar a pastorear con sus animales, dando gracias a Dios por la bendición de un nuevo amanecer. Hay días en los que esa alegría es mayor, cuando llegan los Padres David y Antonio, misioneros salesianos que residen en Gan Gan y recorren más de 1.500 kilómetros para visitar parajes como los de Gorro Frigio.
Dionide les abre las puertas de su casa, donde no tiene mucho que ofrecer pero sí lo más importante: un corazón dispuesto a compartir.
Los misioneros salesianos acompañan realidades como la suya, porque, como decimos, su vida refleja la de muchos como él. Sin embargo, también tiene algo especial, que la hace única y muy particular.
“Encontré un bicharraco”
En uno de sus paseos diarios, Dionide se topó con unos objetos que le llamaron la atención. Se dio cuenta de que eran restos fósiles. “Encontré un bicharraco”, expresó con su ingenio tan genuino.
Los restos fueron enviados al Museo Egidio Feruglio de Trelew, cuyo equipo de paleontólogos descubrió que se trata de una nueva especie de dinosaurio, que habría vivido hace unos 160 millones de años.
Tras conocerse esta noticia, tomaron una decisión para homenajear a este humilde vecino de Gorro Frigio: nombraron al dinosaurio en su honor: Bicharracosaurus dionidei.
El nombre se compone de:
- “Bicharraco”: en referencia a la palabra que utilizó Dionide.
- “Saurus”: que significa “lagarto” en griego.
- “Dionidei” por el nombre de su descubridor, Dionide.

Curiosamente no es la primera vez que algo así ocurre en su familia. Su hermano Leonide descubrió otros restos años atrás, con los cuales también se descubrió una nueva especie. En ese caso, la nombraron Brachytrachelopan mesai, siendo esta última palabra un homenaje al apellido familiar: Mesa.
Estar donde nadie llega
Esta simpática anécdota es valiosa para reflejar cuántas cosas maravillosas ocurren a diario en la Patagonia argentina. Y allí están los misioneros salesianos presentes, acompañando esas vidas y compartiendo la presencia de Dios.
Gracias a los más de 1.500 kilómetros que recorren, los Padres David y Antonio pueden acompañar a 4 aldeas escolares, 8 comunidades de pueblos originarios, 4 poblaciones más numerosas y hogares distribuidos en los diversos parajes de la meseta, como el de Dionide.
Se trata de la única presencia estable de la Iglesia en la Meseta del Chubut, y el desafío es el de estar y compartir la vida entre las familias, llevarles la Buena Noticia de que son importantes para Dios, ayudarlos a optimizar sus recursos para que puedan vivir más dignamente y aprender y compartir con ellos los valores de la hospitalidad, la sencillez, el respeto a la madre tierra, su espíritu religioso y sus formas de expresarlo.
Es muy importante estar donde nadie llega y brindar esperanza en los lugares en que más hace falta.
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