El sueño de Don Bosco, una misión compartida
Hace ciento cincuenta años, un sacerdote de Turín levantó su mirada hacia el extremo sur del mundo. Nunca caminaría por la inmensidad de la Patagonia, pero Don Bosco llegó allí mucho antes que sus misioneros. Llegó con un sueño y una certeza: también en aquellas tierras había niños, niñas y jóvenes que esperaban descubrir el amor de Dios y encontrar personas dispuestas a caminar a su lado.
Aquel sueño de Don Bosco se transformó en una misión. Los primeros misioneros llevaron mucho más que equipaje: llevaron su pasión educativa, la alegría del Evangelio y el deseo de compartir la vida con las comunidades. Construyeron escuelas, abrieron oratorios, acompañaron a las familias y sembraron esperanza allí donde más se necesitaba.
Pero hay una verdad que la historia a veces deja en un discreto segundo plano: ninguno de ellos caminó solo.
Mientras unos recorrían los caminos de la Patagonia, otros sostenían la misión desde lejos. Había quienes rezaban, quienes compartían lo que tenían y quienes comprendieron que también podían ser misioneros haciendo posible que otros partieran. Así ha sido siempre la misión de la Iglesia: algunos son llamados a ir, otros a sostener… todos participan del mismo envío.
Hoy esa historia continúa. La Patagonia sigue siendo tierra de misión y la obra salesiana acompaña a jóvenes, familias y comunidades que necesitan una presencia cercana, capaz de educar, evangelizar y sembrar esperanza.
La misión salesiana es una verdadera misión compartida. Salesianos, laicos, educadores, familias, voluntarios y donantes caminan juntos con un mismo deseo: que ningún joven se sienta solo y que todos puedan descubrir que son profundamente amados por Dios.
Inspirados por el Aguinaldo Salesiano del Rector Mayor –“Hagan lo que Jesús les diga”-, proponemos para este mes una clave de lectura que ilumina esta realidad: “Él dijo… yo acompañé”.
Porque toda vocación necesita otras que la sostengan. Toda misión necesita una comunidad que crea en ella y la haga posible.
Por eso pensamos también en quienes colaboran con esta obra, muchas veces de manera silenciosa. Cada donación permite que un niño vuelva a sonreír, que un adolescente encuentre oportunidades para estudiar y que una familia descubra una comunidad que la abraza.Cuando la misión se comparte, el sueño de Don Bosco sigue encontrando nuevos caminos para llegar al corazón de los jóvenes.
Hno. José Luis Muñoz
Director
